chulita y la ovejita

Chulita y la desaparición de la ovejita Manuela.

Aquí tienes el cuento de Chulita y la ovejita:

Un día de verano, Chulita la gallina detective, se encontraba paseando por el campo cuando, de repente, de una granja cercana se escuchó un lamento. Alguien lloraba. Chulita se acercó y vio a una oveja muy grande que lloraba y chillaba.

– ¿Qué le ocurre, señora oveja?

Mi hija Manuela ha desaparecido. Llevo un rato buscándola por toda la granja y ya no sé dónde mirar más. ¡Ay, dónde estará mi ovejita!

– No se preocupe, yo le ayudaré a encontrarla. ¿Dónde estaba la última vez que la vio?

La señora oveja, que se llamaba Carlota, le dijo a Chulita que estaban en el granero comiendo.

– La vi mirar el revoloteo de una mariposa y Manuela salió corriendo detrás de ella. Le dije que no se alejara. Yo seguí comiendo porque creí que se quedaría cerca.

– De acuerdo, vamos al granero a ver qué averiguamos.

Chulita y la ovejita

Cuando Chulita llegó al granero, trató de encontrar alguna huella de la ovejita Manuela, pero había demasiadas huellas de varios animales, lo que hizo imposible que Chulita supiera hacia dónde se había dirigido Manuela. En ese momento, Chulita escuchó el graznido de un pájaro. Miró hacia el origen del sonido y se encontró con un cuervo que la miraba desde la copa de un alcornoque cercano, mientras se limpiaba las plumas negras con el pico.

– Hola señor cuervo, soy Chulita la gallina detective y estoy buscando a Manuela, una pequeña oveja.

– Buenas, ¿cómo es esa oveja?

Carlota contestó: – Es pequeña, blanca y con la cara gris.

– Ah, pues la he visto coger el camino que va hacia el norte hace un rato.

Chulita y Carlota agradecieron la información al cuervo y se marcharon por ese camino. Carlota estaba muy preocupada, pero el que Chulita la estuviera ayudando le dio esperanzas de encontrar a su pequeña.

– ¿Y si la ha atacado un lobo?- se lamentó Carlota en ese momento.

– Preocuparse no sirve de nada, Carlota. Concentrémonos en encontrar a Manuela.

El camino que estaban siguiendo empezó a dividirse en dos: uno se bifurcaba a la izquierda y el otro a la derecha.

– ¿Y ahora?- dijo Carlota. -¿ Qué dirección habrá tomado Manuela?

Chulita se quedó pensativa un ratito mirando los dos caminos. El de la izquierda tenía varios pedruscos grandes que harían difícil caminar y había pocos árboles, por lo que el sol pegaba fuerte en ese día que ya empezaba a ser caluroso. El camino de la derecha se adentraba en un pequeño bosque, que aún no siendo muy denso, tenía sombra y el suelo tenía algunas briznas de hierba.

Chulita y la ovejita

– Veo más probable que Manuela, como oveja joven que es, haya cogido el camino de la derecha ya que es más fácil de recorrer al no tener grandes piedras que trepar y estar a la sombra. Yo habría escogido ese camino para dar un paseo. Vayamos por ahí- le indicó a Carlota.

– ¿Y si se ha ido por el otro camino?

– Miremos primero por el camino del bosque y si no, volveremos aquí y seguiremos por el camino de la izquierda.

Tomaron el camino del bosque y unos metros más adelante, Chulita sacó su lupa y observó un arbusto junto al camino.

– ¡Bingo!- exclamó.- He encontrado una pista. Hay un poco de lana en este arbusto. Manuela ha pasado por aquí y se ha rozado con él.

– Estupendo, ¡entonces vamos por el camino correcto!- exclamó Carlota.

Siguieron caminando por entre los árboles. Había encinas, hayas y algunos alcornoques con su gruesa corteza de corcho. A lo lejos, por ese mismo camino, vieron que se acercaban una mamá pato con sus cinco patitos siguiéndola. Chulita se apresuró para acercarse y hablar con la mamá pato.

– Buenos días, mamá pato. ¿Podría decirme si ha visto una ovejita por aquí?

– Sí, hace unos minutos me he cruzado con una oveja pequeña.

– ¿Y se encontraba bien?- preguntó Carlota.

– Sí, perfectamente. Me dijo que tenía sed y que si sabía dónde podía beber agua. Y le indiqué que el río está a unos cinco minutos siguiendo este camino.

– Gracias por la información. Su madre estaba muy preocupada por ella.

– ¡Qué me va a decir a mí!- se quejó la mamá pato.- Yo tengo que vigilar a cinco patitos traviesos y no me puedo despistar ni un momento. Y diciendo esto, continuó su camino.

Carlota y Chulita reanudaron la marcha contentas porque Manuela ya estaba cerca y parecía que estaba bien. Unos minutos después, llegaron al río y a lo lejos vieron a Manuela. Carlota comenzó a chillarle a su hija por la alegría de haberla encontrado. Cuando ya estaban a unos pocos pasos de Manuela, Chulita vio que había una serpiente entre ella y Manuela, de forma que entendió que la ovejita se hallaba en peligro de ser mordida por la serpiente.

– Espera, Carlota. No te muevas, ahí hay una serpiente.

Carlota se cayó de culo de la impresión y le suplicó a su hija que se mantuviera quieta. Chulita buscó un palo entre los arbustos. Ella había hecho algunos cursos de defensa personal y, aunque la serpiente daba miedo, supo que tenía que ayudar a Manuela como fuera. Por fin encontró un palo, pero la serpiente se acercó un poco más a Manuela. En cualquier momento podía atacarla y morderla. Chulita no sabía si la serpiente era venenosa o no, pero no podía arriesgarse. Agarró el palo con todas sus fuerzas y se acercó sigilosamente a la serpiente. Esta era negra con rayas rojas y medía como dos metros. No tenía buena pinta. Chulita arrastró el palo por debajo del cuerpo de la serpiente. Con un fuerte impulso la lanzó por los aires y cayó varios metros más allá, en la maleza.

Finalmente, Carlota pudo reencontrarse con su ovejita Manuela y las dos lloraron. Carlota de felicidad y Manuela del susto de la serpiente.

– No vuelvas a alejarte sola, es peligroso- le dijo Carlota a su hija.- Explorar está bien pero hay peligros que no conoces y de los que todavía no te sabes defender.

Carlota dio las gracias a Chulita y ésta le comentó:

– Recuerda, en una situación así, de nada sirve preocuparse y angustiarse. Lo mejor es centrarse en buscar la solución a los problemas.

Y dicho esto, Chulita continuó con su paseo por el campo.

FIN DEL CASO

Puedes ver este cuento en vídeo aquí:

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